El Milagro del Último Puñado de Harina
Lectura: 1 Reyes 17:7-16
Mujer de la semana: En los textos bíblicos del Antiguo Testamento el nombre de la viuda de Sarepta no es mencionado, pero, en tradiciones judías se le ha asignado el nombre de Serah o Serach. Además, en algunas tradiciones cristianas y en la imaginación de algunos autores y estudiosos modernos, se le han dado nombres para hacerla un personaje más personal y cercano. Un ejemplo es el nombre Umma que propone la reverenda Wil Gafney, basado en la raíz semítica para «madre».
Contexto de la historia:
Esta historia se produce en una ciudad también conocida como Zarefath, una ciudad antigua ciudad fenicia una tierra pagana y además afectada de una gran sequía.
Reflexión:
A veces, la vida nos ha golpeado, las reservas están bajas y la desesperación se asoma. La historia de la viuda de Sarepta es un espejo de esos momentos.
En medio de una sequía devastadora, esta mujer se encuentra al final de su camino. Su plan es simple y doloroso: preparar una última comida con el puñado de harina y el poco aceite que le quedaba, para ella y su hijo, y luego esperar la muerte. Entonces, aparece el profeta Elías, enviado por Dios. En lugar de ofrecerle ayuda de inmediato, le hace una petición aparentemente absurda: «primero hazme una pequeña torta de eso y tráemela» (v. 13). La petición de Elías no era una prueba de crueldad, sino una prueba de confianza. Él no le pedía una parte de su abundancia, sino la totalidad de lo que le quedaba.
Nosotras a menudo estamos dispuestas a dar de lo que nos sobra, pero ¿qué sucede cuando Dios nos pide nuestro último «puñado de harina»? La viuda se enfrentaba a una elección radical: ¿Confiaría en lo que veía con sus propios ojos, la realidad de su alacena vacía, o confiaría en la promesa de Dios entregada por medio de Elías?
La respuesta de ella fue un acto de fe. Sin duda, su corazón debía estar lleno de miedo, pero su decisión fue de obediencia. Ella preparó la torta para Elías primero. Y aquí es donde el milagro ocurre. La Biblia dice que “la harina de la tinaja no escaseó, ni el aceite de la vasija disminuyó, conforme a la palabra que Jehová había hablado por Elías. La provisión de Dios no fue un gran festín, sino una provisión diaria, constante y fiel.
Aplicación: Esta historia nos enseña una verdad poderosa: Dios no necesita que tengamos mucho para hacer algo grandioso, necesita que le entreguemos lo poco que tenemos.
En nuestras propias vidas, ese «puñado de harina» puede ser nuestro último gramo de energía, nuestra última esperanza, nuestro último recurso financiero. Cuando lo ponemos en las manos de Dios, Él lo multiplica de maneras que nunca podríamos haber imaginado.
Oración:
Padre, ayúdanos a soltar nuestras preocupaciones y a entregarte nuestro «último puñado de harina». Danos la valentía para obedecerte, incluso cuando no entendemos. Confiamos en que Tú eres el Dios de la provisión y que tu fidelidad nunca falla. En el nombre de Jesús, Amén
Versículo clave:
“Porque Jehová Dios de Israel ha dicho así: La harina de la tinaja no escaseará, ni el aceite de la vasija disminuirá, hasta el día en que Jehová haga llover sobre la faz de la tierra.”
— 1 Reyes 17:14
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