Semana 14 -Débora

Débora: formada en lo secreto, firme y sabia en lo público.

 Lectura bíblica: Jueces 4 y 5

Mujer de la semana: Débora, en hebreo “abeja”

Contexto: Su historia ocurre en un empo de opresión y desorden en Israel. No había dirección clara, el pueblo vivía con miedo. En medio de ese escenario aparece Débora: mujer, profe sa y jueza. Pero antes de ocupar ese lugar, fue una mujer formada en silencio, en una cultura donde la voz femenina no era protagonista, donde su lugar no era liderar… sino quedarse al margen.

Reflexión:
Hay procesos que no se ven, pero pesan. Y hay mujeres que no nacen fuertes, se vuelven profundas. Débora no apareció de la nada siendo sabia. No despertó un día siendo valiente. Ella fue formada quizás muchas veces con dolor, pero en ese lugar, Dios estaba. No quitándole el proceso, sino usándolo. Y fue precisamente ese camino muchas veces duro, muchas veces solitario el que la llevó a convertirse en una mujer valiente, capaz de servir a su pueblo, de sostener a otros y de caminar con una sabiduría que no venía de ella, sino de Dios.

Cada espera fue ensanchando su interior y llenándola de sabiduría. Cada incomodidad fue afinando su sensibilidad. Cada silencio fue dándole peso, porque lo que Dios hace en una mujer no siempre es rápido, pero siempre vale la pena. Y permitió que lo que parecía una “leve y momentánea tribulación» fuera formando en ella algo eterno.

Un peso.
Una firmeza.
Una paz que no dependía de lo que pasaba afuera.

Por eso, cuando llega el momento que Dios le da toda la autoridad de gobernar Israel ella no improvisa, cree y escucha la voz de Dios claramente, porque ya había aprendido a reconocerla en lo secreto. Y entonces, gobierna, guía, juzga y lidera. No desde el orgullo, sino desde la formación e intimidad con Dios. No desde la fuerza humana, sino desde una vida procesada por Dios.

Ella sostenía
Sostenía palabra.
Sostenía dirección.
Sostenía a otros.

Porque hay cosas que solo se pueden sostener cuando primero Dios te sostuvo en la inmidad y en el silencio.

Hoy, Débora nos abraza y nos dice:
* No te preocupes, lo que estás viviendo también te está formando para ser el apoyo de otro.
* No todo proceso es castigo, muchos son preparación.
* El peso que hoy sientes, mañana será firmeza y autoridad.
* Dios no tiene prisa, porque está haciendo algo profundo en ti.

Aplicación personal:
▪︎ ¿Estoy permitiendo que el dolor me endurezca o que Dios lo transforme en sabiduría para mí?
▪︎ ¿Que carga he estado sosteniendo sola, que hoy necesito rendir en la presencia de Dios?
▪︎ ¿Puedo reconocer que, aunque no lo entendía Dios me ha sostenido en cada etapa?
▪︎ ¿Que hay en mí que antes no estaba y que nació precisamente a través del proceso?

Oración final:
Padre, en este proceso que a veces no entiendo, ayúdame a no huir y agradecer por el futuro que no conozco pero se que tu enes lo mejor preparado para mí. Cuando el peso se sienta demasiado, recuérdame que no es en vano y renueva mi espíritu cada día. Forma en mí una fe profunda, una raíz firme como aquella palmera en la que Debora se sentaba un corazón, que no dependa de lo externo. Y cuando llegue el momento, permíteme sostener lo que Tú has preparado, con la paz de alguien que fue formada en Ti para ayudar a otros.
Amén.

 

Escrito por: 

Ángela Díaz

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